Cuando el obrerismo español se declaró anarquista en Córdoba

Cuando el obrerismo español se declaró anarquista en Córdoba

José Luis Gutiérrez Molina

En poco más de tres meses Andalucía acogerá, por segunda vez, un congreso de la CNT. El décimo que celebra la organización cuando está a punto de cumplir los cien años. Los anteriores se desarrollaron en Madrid en tres ocasiones (1919, 1931 y 1979); Barcelona, en otras dos, (1911 y 1983), -ciudad que acogió también el congreso fundacional, en 1910-, y una en Zaragoza (1936), Bilbao (1990), Perlora (2002) y Granada (1995). Los delegados de los sindicatos confederales se reunirán en esta ocasión en Córdoba, ciudad de larga tradición antiautoritaria. Con anterioridad, otras tres veces la ciudad acogió comicios obreros que tuvieron una importante repercusión en el obrerismo español.

A finales de noviembre de 1891 una veintena de delegados de todo el país acordaron reorganizar la disuelta Unión de Trabajadores del Campo con el fin de desarrollar la celebración del primero de mayo y acudir al congreso de constitución de una nueva organización nacional seguidora de los principios antiautoritarios. Una veintena de años después, en abril de 1913, los delegados de casi diez mil campesinos andaluces, valencianos, catalanes y portugueses fundaron la Federación Nacional de Agricultores de España (la FNA o FNOA). La organización campesina que, para algunos, fue la primera entidad estrictamente anarcosindicalista española. A ella acudieron algunos de los más destacados militantes agrarios de la CNT de aquellos años, como el castreño Antonio Pérez Rosa o el jerezano Diego Martínez, y significó la reafirmación libertaria de un importante sector del mundo rural español. Finalmente, en 1872 se había celebrado el tercer congreso de la Federación de la Región Española (FRE), “La Internacional”, la primera asociación obrera nacional española. Un comicio al que Díaz del Moral denominó el primero anarquista celebrado en el mundo y del que vamos a hacer una breve reseña.

Se refería el notario de Bujalance a que la reunión cordobesa se produjo en el contexto de las luchas entre autoritarios, seguidores de Carlos Marx, y antiautoritarios, los de Miguel Bakunin, que habían llevado a la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) a la escisión unos meses antes. En su quinto congreso celebrado en La Haya los marxistas lograron expulsar a Bakunin y otros seguidores suyos de la organización y que se acordara la creación de un Partido Obrero. Considerando que las irregularidades cometidas invalidaban los acuerdos, los bakuninistas celebraron en septiembre una reunión en la localidad suiza de Saint Imier a la que acudieron la mayoría de los delegados españoles. Allí se acordó que la finalidad de la organización obrera era la destrucción de cualquier clase de poder político. Por tanto la creación de uno proletario, aunque fuera provisional, sería tan peligroso y engañoso como el burgués existente.

La FRE tenía previsto celebrar su tercer congreso en abril de 1873. Sin embargo, ante los acontecimientos, a propuesta de la federación de Barcelona, se acordó adelantarlo a diciembre de 1872 en Córdoba. Las divergencias también estaban presentes en España. La división de la federación madrileña había llegado hasta el propio congreso holandés en el que los marxistas –“los karlistas” en el lenguaje periodístico de la época- habían reconocido a la formada por los seguidores españoles de la acción política como Pablo Iglesias, Mesa y los hermanos Mora. Además, los periódicos de unos y otros, La Emancipación de los madrileños y La Federación, editado en Barcelona, de los antiautoritarios se dedicaban públicamente epítetos subidos de tono. Finalmente, el 14 de noviembre, el Consejo Federal Regional, que residía en Alcoy, remitió una circular con el orden del día del comicio.

Pronto comenzaron a llegar las adhesiones y comunicaciones de asistencia de distintas federaciones locales. Entre ellas numerosas andaluzas como Aguilar, El Puerto de Santa María, Paradas y Sanlúcar de Barrameda. Aunque también se produjo una escisión en la de Cádiz de los partidarios de Marx que veían cómo el congreso cordobés iba a certificar la adhesión de la sección española a las tesis antiautoritarias. La elección de la sede no había sido casual. La prensa aseguraba que se debía a la rápida expansión que tenía el internacionalismo en la región. Aunque también se dice que lo fue por los rumores existentes de un próximo levantamiento republicano. Ideología que, también, tenía una fuerte presencia en Andalucía. A diferencia de lo ocurrido en Zaragoza a comienzos de abril, la reunión se iba a celebrar de forma pública ya que el gabinete del radical Manuel Ruiz Zorrilla la autorizó.

El congreso comenzó el día de nochebuena en el teatro Moratín. Coliseo que ocupaba, en la calle Jesús María, en la misma esquina con la céntrica plaza de Las Tendillas, lo que había sido iglesia de un convento desamortizado, después fue fábrica de tejidos de Esteban Santaló y, con posterioridad, sería el cine Góngora. Durante casi una decena de días el medio centenar de delegados presentes discutieron un extenso orden del día que terminaría afirmando la trayectoria antiautoritaria, colectivista, federalista y antiestatista del primer obrerismo español.

Estuvieron representadas 50 federaciones locales, 41 secciones de oficios varios, cerca de un centenar y medio de sociedades de oficio y algo más de una decena de adhesiones individuales. En total más de veinte mil de los casi treinta mil afiliados con los que contaba la FRE en ese momento. Entre los asistentes estuvieron González Morago, García Viñas y Farga Pellicer. Andaluces fueron Gómez por Arahal, Díaz Puerto por Cádiz, Méndez y Claramont por Carmona, M. Rodríguez por Granada, Vázquez por Jerez de la Frontera, Guilina por Málaga, Castillo por Medina Sidonia, Aguilar por El Puerto de Santa María, Pérez González por Paradas, Sánchez González por Sanlúcar de Barrameda, Soto por Sevilla. La organización corrió a cargo de los militantes cordobeses Cervantes, Navarro, Suárez y González.

Entre los acuerdos más destacados estuvieron el de disolver el Consejo Federal, que sería sustituido por una Comisión Federal que ejercería como centro de estadística y correspondencia, la ratificación del Pacto de Saint Imier y condena del Congreso de La Haya, la utilización científica de la huelga, la lucha por la reducción de las horas de trabajo y la igualdad de los jornales y la creación de escuelas internacionalistas con libros y maestros identificados con los presupuestos de la FRE.

La consecuencia fue la total ruptura entre marxistas y anarquistas. Los primeros, minoritarios, terminarían creando en 1888 la Unión General de Trabajadores. Los segundos seguirían su propio camino hasta la aparición en 1910 de la CNT. En Córdoba, en 1872, se produjo un hecho decisivo para la historia del mundo obrero español. No sólo fue el año de la fundación del bar de la Sociedad de Plateros de la calle San Francisco. La deriva de la Primera República proclamada en febrero de 1873 y la represión que ejerció contra el internacionalismo terminarían poniendo en evidencia el coste de la lucha por la abolición del poder y la construcción de una sociedad igualitaria.