Ecofeminismo o la revolución igualitaria

PALABRAS PADENTRO | Ilustración (fragmento): Mamen Moreu | Extraído del cnt nº 424. Dosier Ecología social

NO HAY revolución, no hay evolución posible, que no incluya al feminismo como reivindicación básica. Es el eje trasversal a toda lucha, y a la vez la cuerda de trapecista por la que caminamos las mujeres sujetando el volatinero de la incongruencia personal, en muchas ocasiones.

Según Alicia Puleo, activista del ecofeminismo crítico, el cambio pasa por entender que es necesaria una transformación de nuestro modelo de vida, de consumo y de trabajo: «Transformar el modelo androcéntrico de desarrollo, conquista y explotación destructivos implica tanto asumir una mirada empática sobre la Naturaleza como un análisis crítico de las relaciones de poder».

La revolución ecofeminista no consiste en pasar por el stand de productos ecológicos del supermercado. Ni es retomar esa imagen bucólica de la mujer agricultora doblada sobre la espiga porteando un bebé, como en un lienzo de Millet. El ecofeminismo propone una reformulación de todo lo que entendemos por trabajo y vida.

Los postulados del ecofeminismo crítico no pasan por la asunción nuevamente del retorno de la mujer a labores que le han sido arrogadas tradicionalmente, sino que implican una búsqueda de alternativas no violentas, sostenibles y pacíficas al patriarcado capitalista, porque el origen de todo desequilibrio se basa en una relación de desigualdad. La revolución ecofeminista no consiste en pasar por el stand de productos ecológicos del supermercado (y previsiblemente más caros) para calmar nuestra conciencia consumista. Ni es retomar esa imagen bucólica de la mujer agricultora doblada sobre la espiga porteando un bebé, como en un lienzo de Millet. El ecofeminismo propone una reformulación de todo lo que entendemos por trabajo y vida. También va, precisamente, de poner esta última nuevamente en el centro, entendiendo la vida no como un concepto individualista, sino como los nexos que se establecen desde las redes más cercanas que se establecen en nuestro día a día. Es entender la experiencia vital como un «nosotras».

Laura Laguna argumenta: «Si entendemos que las mujeres también han sido la otredad explotada, del mismo modo que la naturaleza y los animales, podemos acometer mejores proyectos conjuntos de emancipación». Es un encaje de piezas natural y necesario, tomando conciencia de las formas de consumo y de los sistemas que los sustentan y que nos pervierten y nos enferman.

Reconstruir un nuevo presente igualitario y sostenible mientras se lucha por derribar el antiguo, partiendo desde lo cercano, desde las manos que se unen, volver a valorar el entorno rural por encima de las franquicias que invaden las ciudades con anglicismos y nos alejan de la toma de contacto con lo auténtico. Volvamos al suelo: «Vos y yo y la tierra celebraremos juntos el verdor de los cuerpos, el sexo de las flores, el polen de la risa y todas las estrellas que vienen confundidas en la gota de lluvia» (Gioconda Belli).

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