La fuerza es NUESTRA

PALABRAS PADENTRO | Ilustración (fragmento): Jaume Molera | Extraído del cnt nº 425. Dosier ¿Nueva normalidad? ¡Acción Sindical!

La precariedad laboral se expande al mismo ritmo que la pandemia. De forma sibilina, los medios de comunicación exoneran de culpa a quienes realmente tienen la responsabilidad de mantener la estabilidad económica, describiendo un ente abstracto, la crisis, que ya nos golpeó en el pasado y que sirvió como justificación para la implementación de medidas absolutamente lesivas para la clase trabajadora y cuyos efectos empezamos a ver ahora. El miedo a un futuro incierto paraliza a una ya de por sí desmovilizada población, enterrada entre Ertes y promesas de subsidios, convencida de que nada sirve para nada, en una aplicación literal de la Doctrina del Shock.

No es momento de parar, no es momento para el desánimo. Es la hora de gritar más allá de las mascarillas. Porque el verdadero virus es un sistema que parasita nuestros derechos y nos impide pensar con claridad. Más allá del miedo, de lo incierto, hay una realidad imbatible: la fuerza es nuestra.

La clase empresarial no pierde comba. El teletrabajo se ha convertido en la nueva forma de explotación laboral. La inversión es mínima, la ganancia máxima, aprovechando los resquicios de alegalidad de una actividad que ha convertido la conciliación en una entelequia entre las mujeres: se ha constatado que un 11% de las mujeres ha perdido su empleo, frente al 8% de hombres, y que las mujeres afectadas por un ERTE son un 25% más que los varones. (Fuente: www.hoy.es).

Y a pesar de este panorama, la gente sigue moviéndose. En todo el territorio se producen denuncias, huelgas, movilizaciones, campañas contra la precarización laboral, diversas formas de lucha articuladas en torno a la que realmente es la única fuerza de la clase trabajadora: su propia fuerza de acción. La labor de los sindicatos pancartistas, los de la foto y la firma por la espalda, los que han convertido la lucha obrera en compra venta de cursos y prebendas, debe ser agostada, invisibilizada. Es momento de dar el puñetazo en la mesa, desde el colectivo de trabajadores y trabajadoras del campo, pasando por las Kellys, personal de sanidad, el colectivo del mundo de la cultura, y un cuerpo educativo convocado a huelga en un intento por parar la transformación de nuestras escuelas en centros de retención de menores con inversión cero para la administración.

No es momento de parar, no es momento para el desánimo. Es la hora de gritar más allá de las mascarillas. Porque el verdadero virus es un sistema que parasita nuestros derechos y nos impide pensar con claridad. Más allá del miedo, de lo incierto, hay una realidad imbatible: la fuerza es nuestra.

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