Esto es una guerra… de clases

EL CUARTO OSCURO | Ilustración: Oswaldo Guayasamín – Las manos de la protesta

I


Aquí ando la mar de entretenido con el confinamiento, que esta mañana he quitado el bidé, y he instalado la lavadora en su lugar, dejando un hueco en la cocina que me pregunto con qué llenar… La radio manda mensajes de ánimo, con el Presidente Pedro diciendo que lo peor está por llegar, que nuestra solidaridad es enorme, y que «todos» vamos a ganar esta batalla. Vaya por Dios. De repente nos hemos convertido en «todos solidarios» Y sigue la guerra. La Guerra, de Clases.

Porque vamos a ver, centrémonos en los sanitarios y sanitarias. Resulta que en 1997 con amplio consenso parlamentario, me parece que solo Izquierda Unida dijo nones, se aprobó la 15/97. La 15/97, retened el número, sobre habilitación de nuevas formas de gestión del Sistema Nacional de Salud, permite la privatización de la sanidad. Privatizar la sanidad, mediante fundaciones, consorcios, concertaciones, unidades de gestión, y otras fórmulas jurídicas, implica convertir la salud en un negocio mediante el cual accionistas y empresarios, ganan mucho, muchísimo dinero. Y la forma que tienen estos empresarios de ganar dinero, es abaratar costes, tener el personal al mínimo, haciéndole trabajar más, por menos dinero. Esta estrategia se intensificó con la crisis de deuda que se inició en 2008, mandó a miles de sanitarios a la calle, dejó de contratar a otros tantos, bajó aún más los salarios, e hizo que los técnicos especialistas, licenciados y diplomados, tuviesen que emigrar a otros países. Desde Portugal a Noruega, nuestras enfermeras y facultativos, cada uno de los cuales ha costado formar cientos de miles de euros, atienden los hospitales públicos y privados europeos. Por eso están llamando a filas a jubilados y voluntarios, porque nuestra gente, ha emigrado.

Ahora nos dicen que tenemos que ser solidarios y no colapsar el Sistema Nacional de Salud. Y eso es Propaganda de Guerra. Propaganda de los poderosos en la Guerra de Clases.

Ahora nos llega una epidemia. Dice Pedro Sánchez que la Humanidad no estaba preparada para este desastre, a pesar de que hemos tenido preocupantes avisos previos. El Síndrome Agudo Respiratorio Severo, SARS, nos visitó en China en 2003. Se trata de un coronavirus, y en estos 17 años no han conseguido sintetizar una vacuna. El Ébola, el SIDA, las enfermedades infecciosas vienen a darnos sustos periódicos. Pero, en fin, nos ha pillado el coronavirus en calzoncillos.

Ahora nos dicen que tenemos que ser solidarios para librarnos de esta peste, contenerla un poco y no colapsar el Sistema Nacional de Salud, que es el que está dando la batalla. Y eso, amigos y amigas, es Propaganda de Guerra. Propaganda de los poderosos en la Guerra de Clases. Y os explico por qué.

Como dije antes, nuestros sanitarios por miles han tenido que emigrar, y los que han quedado, con contratos precarios los más jóvenes, y mayores de cincuenta años en muchos casos, caen como insectos recién fumigados. Y, claro, ahora llaman desde los Centrales a los sustitutos en paro, y les ofrecen contratos de quince días o de un mes para paliar el desastre: «oye, vente al hospital que te damos un contrato en la UCI pa cubrí una baja por el COVID ese». ¡Genial! ¡Qué gran oportunidad!, ¡voy corriendo a empujar camillas!

Eso es, lo has visto claro: tienen un morro que se lo pisan. Ahora nos piden solidaridad a hombres y mujeres, sanitarios, camioneros, controladores aéreos, maquinistas de RENFE, reponedores de supermercados, cajeros, mecánicos, taxistas, estibadores, limpiadores, jornaleros agrícolas, empleados de alimentación, trabajadores de electricidad, agua, gas, petróleo, residuos, farmacia… Técnicos y peones, nacionales e inmigrantes, hombres y mujeres, muchos de ellos de escaso salario, son quienes evitan que muramos de hambre y enfermedad.

¿Es lo mismo estar confinado en un palacio, una mansión o un yate, que en un piso de cincuenta metros seis personas?

Pero la solidaridad es algo que se da entre iguales. ¿Y acaso somos iguales? ¿No nos están tomando el pelo con esto de ser solidarios? ¿Es lo mismo estar confinado en un palacio, una mansión o un yate, que en un piso de cincuenta metros seis personas? ¿Es lo mismo un millonario, que les hacen pruebas hasta a las mascotas, que un anciano de una residencia que solo cuando empezaron a palmar como moscas, se fijaron en ellos y ellas?

II

Pero voy a ser positivo. Seamos solidarios, empezando por ellos. Todos esos multimillonarios que tienen su dinero en paraísos fiscales, que se inicien en la solidaridad. Que paguen los salarios no obtenidos a todos cuantos no han sido contratados por cancelación de eventos, bodas, conciertos, bautizos, congresos, certámenes, concursos, partidos, exposiciones y demás fruslerías. Que paguen sueldos en condiciones a todos los millones de trabajadores que pierden sus empleos en estos días en Hostelería, Metal, Construcción, Servicios, etc. Que en lugar de pedirnos solidaridad, que la den los que tienen la guita guardada allende los mares.

Ya está bien de hacer el gilipollas, que nos dicen que esto es una guerra, pero es una Guerra de Clases, una guerra que nos están haciendo los ricos y poderosos a los pobres. Por ejemplo: nos dice Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, con su gobierno de progreso, y en las autonomías otro tanto los presidentes respectivos de derechas, que se proclama una moratoria de alquileres, desahucios y pago de facturas de luz, agua, gas. Es decir, que quien no pueda pagar ahora, no tiene por qué preocuparse ahora: ya lo pagará luego. Eso es lo que da solidariamente la banca, los rentistas y las multinacionales energéticas y de telecomunicaciones: nada. Por ejemplo, se nos dice que estamos ahora mismo ante un mercado muy complicado a la hora de comprar mascarillas, batas, guantes, desinfectantes… Por la sencilla razón de que los fabricantes están subiendo los precios a marchas forzadas. Eso es lo que llaman Libre Mercado y es lo que dan los empresarios de los ue sea: avaricia. Por ejemplo, están las patronales de todo-lo-que-se-ha-cerrado, pidiendo «ayudas», es decir, subvenciones al Estado que, por supuesto, ha dicho que las irá dando con una morterada de cientos de miles de millones de deuda pública que entregarán a los bancos, para que presten a quien ellos quieran y al interés que les parezca conveniente. ¿Y quién terminará pagando esa deuda? Por supuesto, los trabajadores, ya que sin trabajo, no hay beneficio.

¡A la mierda con las moratorias!, si no cobras, no pagues. Únete a tus iguales, organízate en el sindicato, que es donde se ejerce la solidaridad de verdad, entre compañeros y compañeras.

Bueno, hay que aprender de la experiencia: la próxima huelga que se haga, cuando los tertulianos hablen de que es abusiva, y que los controladores, los portuarios o los panaderos, o los jornaleros andaluces, son unos privilegiados que molestan con sus paros, se les puede recordar que en marzo de 2020 paró el capitalismo… Y siguió la vida.

Trabajadores, aprended que quienes sostienen en sus hombros el mundo, somos nosotros y nosotras. Podemos pasar meses sin gobernantes, sin políticos, sin curas y sin millonarios…, y ni una hora sin comida.

Por ello, se me ocurre que ¡a la mierda con las moratorias!, si no cobras, no pagues. Únete a tus iguales, organízate en el sindicato, que es donde se ejerce la solidaridad de verdad, entre compañeros y compañeras. Esta es nuestra ventaja, la que nos dará la victoria en la Guerra de Clases: somos los imprescindibles. Tal vez sin salario y sin trabajo, pero ¡organizados y sin miedo!

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