EDITORIAL: La eterna lucha del proletariado

Secretario General de la CNT | Ilustración: La TiRa de RiTa, por Pepe Farruco | Extraído del cnt nº 423

Uno de las señas de identidad del sindicalismo mayoritario es el llamado Diálogo Social. No sólo en España sino también en gran parte de Europa, pues este concepto nace después de la II Guerra Mundial como mecanismo del Estado de buscar el consenso entre entidades patronales, civiles y sindicales a la hora de legislar.

Sobra decir que en el estado español dicho concepto no pudo tener cabida durante la dictadura franquista pero rápidamente fue acogida por los agentes de la transición española, cuyo principal exponente fueron los Pactos de la Moncloa y a los que la CNT se opuso frontalmente, no sin pagar un alto precio por ello.

Haciendo un salto en el tiempo, si nos situamos en nuestra actualidad, vemos cómo las instituciones del estado siguen impulsando dicho modelo y arropando aquellos sindicatos que se acomodan en él. No obstante, los datos no avalan que dicho modelo haya aportado mejoras substanciales a la clase trabajadora: tenemos la tasa de afiliación a sindicatos más baja de los últimos 30 años (menos del 14%), el sindicalismo no ha sabido dar en su conjunto una respuesta eficaz a la crisis económica dejando un panorama de bajos salarios, brecha salarial, fraude en la contratación y en las horas extraordinarias, etc.

La realidad es que el sindicalismo de concertación social no ha sido capaz de generar mecanismos de movilización eficaces a los ataques del neoliberalismo encarnado en patronales y gobiernos, evidenciando que no basta un sindicalismo que busca arrimarse a la sombra de las instituciones del Estado si no que debe primar un sindicalismo independiente de éste y de partidos políticos que permita adaptarse a las circunstancias de cada momento en la economía y ofrecer una herramienta de lucha que empodere a la gente trabajadora.

El anarcosindicalismo que preconiza CNT seguirá rechazando el diálogo social y pretende ser una herramienta de lucha eficaz y verdaderamente independiente para garantizar que la lucha por la emancipación de la clase trabajadora sea sólo de ella, sin injerencias de ninguna clase.

Las nuevas relaciones laborales de los últimos años así lo confirman: falsos autónomos, subcontratación, microempresas, o sectores sin convenio propio ponen de manifiesto que el sindicalismo basado en la concertación social y los comités de empresa no son capaces de adaptarse y ofrecer una alternativa eficaz a la precariedad laboral.

No podemos olvidar que el sindicalismo es, en esencia, una manifestación de la eterna lucha de los y las pobres contra su condición y frente a quienes la perpetúan. Una lucha de los excluidos de la prosperidad de la economía por su emancipación, por el fin de esta situación de marginalidad y discriminación. En esencia el sindicalismo de CNT es aquél que busca no sólo la defensa de la clase trabajadora en el día a día de los centros de trabajo, si no que rechaza el concierto social pues enmascara la eterna lucha de clases.

Es por ello que desde CNT hemos defendido siempre que el sindicalismo es lucha de clases, que debe adaptarse a los cambios en las realidades laborales que promueven las patronales con el único fin de seguir maximizando sus beneficios en perjuicio nuestro. Es por ello que decimos que el anarcosindicalismo que preconiza CNT seguirá rechazando el diálogo social y pondremos nuestros recursos en la organización de la clase trabajadora, en ser una herramienta de lucha eficaz y verdaderamente independiente de las instituciones para garantizar que la lucha por la emancipación de la clase trabajadora sea sólo de ella y sin injerencias de ninguna clase.

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