Arte: profesionalización o precariedad

Bilbao | Ilustración: LaRara | Extraído del cnt nº 424

En estos días de cuarentena una comunidad artística o cultural aletargada, parece haberse removido tras la declaración del Ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, en pleno estado de alarma.

La controversia saltó por la ausencia de medidas concretas para el sector cultural y artístico. Este hecho provocó una oleada de quejas por parte de profesionales del sector, una de las más mediáticas fue el apagón cultural de dos días, en redes sociales o plataformas digitales. Dejando de lado la valoración de estas acciones, lo interesante es la posibilidad de canalizar y organizar el desencanto del sector cultural, más en concreto el vinculado a las artes plásticas, altamente precarizado, atomizado, autoexplotado y desorganizado.

Otras profesionales del sector más vinculadas al espectáculo (cine, teatro, publicidad, televisión) sí están organizadas y luchan por un estatuto de trabajadores justo. En diciembre de 2018, se aprobó el Estatuto de Artistas, Real Decreto 26/2018, cuyas medidas además de ser insuficientes, están orientadas al mundo del cine y de los espectáculos dejando de nuevo fuera a muchas trabajadoras culturales, en especial a las artistas plásticas. La falta de un convenio propio o de un régimen especial de cotización, conlleva a que muchas de las artistas trabajen sin darse de alta en la seguridad social, careciendo de prestaciones de jubilación, desempleo…

Debido al formato de trabajo individual, atomizado y competitivo del sector, es necesario la organización, la solidaridad y la lucha.

La supervivencia de este sector en el estado es principalmente mediante becas y subvenciones para la producción o investigación en las artes plásticas, en muchas ocasiones la remuneración es muy baja o inexistente o bien directamente en formato bolsa de viaje o pago de materiales. La profesionalización del sector que tantas veces se debate, pasa por reconocer la relación de producción entre la trabajadora y el beneficiario del servicio, es decir que se reconozca como una relación laboral, que exista un contrato, no como un premio, beca, subvención…

Estos formatos utilizados tanto por instituciones públicas como privadas se muestra como un acto de filantropía, que de ninguna manera reconoce o dignifica al sector. Debido a la crisis del Covid-19 muchas se han visto paralizadas, lo que no hace más que visibilizar algo ya existente: la precariedad y la fragilidad existente en el sector.

Las medidas o soluciones no deben caer en parches cortoplacistas de mantenimiento de la condiciones existentes, si no en un cambio estructural del sector. No nos olvidemos que las carencias y la precariedad del sector es un problema de índole laboral y estructural, no es por el Covid. Debido al formato de trabajo individual, atomizado y competitivo del sector, es necesario la organización, la solidaridad y la lucha por una serie de objetivos basados en un consenso de mínimos que nos reconozca como trabajadoras con derechos. Por nombrar algunos:

  • Implementar un estatuto de artista que contemple las necesidades del sector, y la obligación de contratar a las artistas en las becas, convocatorias, residencias, etc.
  • Una cuota de autónomos adaptada al carácter intermitente de la actividad. Las artistas trabajamos por proyectos, por tanto debería de existir una cuota correspondiente a los ingresos y los meses que no ingreses cotizar un cantidad mínima dependiendo de la renta.
  • Reducción de IVA e IRPF, no es sostenible lo exigido hoy en día.
  • La implantación de una renta básica de ingresos para personas del mundo del arte y la cultura. A cambio de hacer exposiciones, talleres, etc. sería una manera de dinamizar y dar contenido a muchos centros culturales obsoletos o carentes de actividad.

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