La gente, la gente, la gente

Cada vez me resulta más dañino y le resto más credibilidad a las críticas que comienzan con «es que la gente esto, es que la gente lo otro». Tenemos una terrible tendencia a echar balones fuera y eximirnos de responsabilidades en cuanto a los males que padecemos como sociedad.

Recuerdo varias críticas lanzadas hacia Greta Thunberg en la época en la que había que hablar de ella, tal y como dictaban los medios de comunicación. Y es que no daba crédito al escuchar desde personas autoproclamadas de izquierda, semejantes ataques, desprestigios e intrusión en la vida privada de una niña de 16 años. No voy a negar que su imagen fue utilizada por ciertos poderes fácticos en pro de sus intereses. Pero no entender que esta niña de 16 años está luchando todos los días para intentar parar el cambio climático me parece, bien de una ceguera preocupante o, bien de una justificación de nuestra pasividad. Creo que se trata de un gran ejemplo para todxs y más aún para lxs jóvenes, de lo que deberíamos aprender que uno debe luchar por sus derechos, por la justicia, la libertad y que nadie nos va a regalar nada. Y probablemente, esta lectura es la que se quiso evitar y por eso se trató de desprestigiar su lucha, y encima, gustosos, caemos en la trampa.

De la misma forma, hace tiempo que no me creo que el capitalismo sea el único culpable de todos nuestros males. Y que cuando lo derroquemos (por arte de magia) o éste colapse (más probable) todo será de color de rosa. Me parece, nuevamente, caer en la crítica fácil y sentirse ajeno a la sociedad. Padecemos varios males tales como el calentamiento global antes mencionado, una insultante desigualdad mundial, una progresiva extinción de especies, una cada vez mayor reducción de recursos naturales, un consumo de energía bestial con una reducción de combustible fósil, etc. Pensar que cada uno de nosotros no somos responsables de todos éstos, en una sociedad basada en el consumo, es llevar bien prieta la venda en los ojos.

No cabe ninguna duda de que hay corporaciones con una responsabilidad muchísimo mayor a la nuestra, pero es que además la mayoría de las veces les otorgamos esa legitimidad consumiendo sus productos y/o servicios. De poco sirve culpabilizar a las grandes empresas de todos nuestros problemas, si luego ni siquiera intentamos buscar alternativas a éstas. Por supuesto, todxs nadamos entre nuestras contradicciones, pero debemos entender que todos nuestros actos tienen sus consecuencias. Comprar por Amazon un producto que viene desde miles de kilómetros en lugar de preocuparnos de comprarlo en una tienda del barrio, por supuesto, tiene consecuencias: supone una mayor contaminación, supone enriquecer a un intermediario, puede suponer una disminución de salario de manera generalizada y hasta la perdida de empleos. Por no hablar de que tu barrio cada vez tendrá menos vida. De igual modo, no reciclar ni preocuparse dónde se tira cada residuo tiene gran repercusión. No obstante, resulta más sencillo únicamente criticar en la barra del bar la gestión que nuestros queridos políticos hacen sobre los residuos y decir que el reciclaje no sirve para nada. Y por poner un último ejemplo, también tiene horribles consecuencias comprar ropa fabricada en países donde los derechos laborales brillan por su ausencia, y creo que no hace falta siquiera enumerarlas.

Resulta siempre más fácil pensar que la culpa es de otros y que nuestra sociedad o país es una mierda porque la gente es idiota y vota a éste o al otro. Se nos llena la boca cuando hablamos de la ignorancia de la gente y más aún cuando además la localizamos geográficamente, dándonos unos aires de superioridad que recuerdan a tiempos peores. Más nos convendría mirarnos más el ombligo cuando se trata culpabilizar o responsabilizar a alguien de los problemas que nos afectan a todxs y que la gente deje de hablar tanto de la gente.

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